sábado, 16 de enero de 2016

¿A donde va?

¿A dónde va lo que quieres hacer y no haces? ¿A dónde va lo que quieres decir y no decís? ¿A
dónde va lo que no te permites sentir?
Desearíamos que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el
cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor
de garganta, en nostalgia, en destiempo.
Lo que no decimos se transforma en error.
Se transforma en debe, en deuda, en asignatura pendiente.
Las palabras que no decimos se transforman en frustración, en tristeza, en insatisfacción.
Lo que no decimos se transforma en trauma. En venenos que mata el alma. Lo que no dices te
encierra en el pasado.
Lo que no decimos se transforma en herida abierta.

Sentirse vivo

Cuando te detienes a mirar el mundo, a observar la belleza que nos rodea; cuando amas a un chico o
a una chica; cuando te reís hasta que no puedes más con tus amigos; cuando haces lo que te gusta hacer;
cuando viajas a un lugar que no conoces; cuando escribes una canción; cuando se te acelera el
corazón ante una mirada; cuando haces el amor… te sientes vivo.
Pero no es sólo la felicidad la que te hace sentir vivo; sino saber que dejas un testimonio de tu vida.
Saber que cuando ya no seas, algo de ti seguirá vivo en los que vendrán.
Pero si sabes que no hay futuro, que nada de lo que hagas, ningún legado que dejes, ninguna
contribución que hagas, te va a sobrevivir; si sabes que todo se termina… ¿es posible sentirse vivo?
Las cosas que nos hacen sentir realmente vivos son las cosas que vencen a la muerte, las que
perduran en el tiempo. Porque el éxtasis, la felicidad, es trascender. Es en ese momento cuando
todos somos eternos. Y estamos vivos de verdad.
De todas las formas de egoísmo, la peor, es no pensar en los que vendrán. Sin ellos, sin la noción de
que la vida es un ciclo sin fin, nada tiene sentido.
Te sientes vivo, no cuando la vida pasa, sino cuando tu pasas por la vida. Cuando pierdes el miedo a
morir, y a vivir. Te sientes vivo cuando sabes que cada momento es único, irrepetible. Cuando sabes
que nada empezó contigo, y nada terminará contigo.
Sólo sabiendo que habrá un mañana es que podremos vencer a la muerte, y sentirnos vivos.
 

El destiempo

Todo llega, dicen… y es verdad. El problema no es si llega, sino cuándo llega.
A veces las cosas llegan cuando ya es tarde. Otras veces, lo que esperas llega cuando aun no estás
listo.
Todo tiene su momento. Antes o después de ese momento, nada prospera.
El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. Es llegar cuando la fiesta terminó.
El destiempo no es sólo que algo te llegue tarde, es también, llegar tarde a eso.
Es no tocar a tiempo la nota justa, es perder el tren, o un perdón que demoró en llegar. Es un
desencuentro.
El destiempo es como una fruta verde, amarga.
El destiempo es una tarde fría de verano.
Es lo opuesto al lugar y la hora indicada.
El destiempo, es una ironía.

La felicidad

Una casa enorme y carísima con jardín y piscina. Tres asistentas. Dos meses en Paris todos los
veranos. Viajes a Sudamérica y a Estados Unidos.
Ropa nueva todos los meses. La mejor. La más cara. El último mp4, el último televisor lcd, uno en
cada habitación.
Los mejores colegios, el mejor club de campo el fin de semana.
Los amigos, de las mejores familias. Una moto antes de los 16. El coche antes de los 18. Fiestas
todos los sábados.
Creí, por un momento, que eso era la felicidad. Y mientras tanto, le dejé escapar.
¿Por qué cuando tenemos la felicidad frente a los ojos, no sabemos verla? Siempre pensamos en lo
que nos estamos perdiendo, deseando cosas que no tenemos, y en realidad, todo lo que necesitamos
para ser felices está ahí, mordiéndonos la mano.
Creemos que la felicidad es algo difícil de alcanzar. A veces hasta nos convencemos de que nunca
vamos a ser felices.
Quise todo y tuve todo. Hasta descubrir que las ampollas de mis pies caminando junto a el, bajo
un sol que partía la tierra, su olor a campo y su sonrisa, eran la felicidad para mí.
Justo ahora lo veo. Ahora me doy cuenta que eso es lo que me hacia feliz, y no el dinero...

Chocolates, un hogar a leña y una cancion de amor


¿Por qué nadie se enamora de mí?
¿Por qué no puedo tener un amor de película? ¿Por qué nadie me besa con una canción de amor de
fondo?
¿Será porque no tengo belleza, no tengo ojos claros ni rasgos perfectos? ¿Es por eso?
¿Por qué no puedo comer chocolates con un amor, al lado de un hogar a leña, y con una canción de
amor de fondo? ¿Por qué?
¿Será que el amor es una mentira, una mentira con mucho marketing?
Desde que nacemos nos enchufan cuentos, películas y canciones de amor que nos hacen creer que el
príncipe azul o la princesa existen…
Pero si existiera, nunca se fijaría en alguien como nosotros.
Nos disfrazamos, nos armamos un personaje y vivimos amores de película, copiando todo lo que
vimos desde niños.
Como en las películas, la música suena de la nada, con un hogar a leña de fondo y creemos que eso
es el amor.
Pero si de tanto idealizar el amor, ya no creo en el amor… ¿por qué sigo llorando con las películas
románticas, soñando con un príncipe azul, o una princesa, con quien comer chocolates frente al
fuego de un hogar, besándonos con una canción de amor de fondo?



Tan lejos... y tan cerca

¿Será que el amor se encuentra en algún punto entre lejos y cerca?
A un centímetro, y a miles de kilómetros. Juntos y separados. Tan lejos y tan cerca.
Cuando estuviste tan cerca de alguien que parecían uno, pensar en la separación es un absurdo… lo
ves tan lejos.
Dos personas están cerca cuando comparten sueños, proyectos… pero cuando sólo quedan
recuerdos, es que están muy lejos.
Algunos aman sólo a la distancia, y no pueden soportar la intimidad.
Tiempo y distancia en el amor son lo mismo.
Una pareja está bien cuando aun estando a miles de kilómetros siguen cerca. Una pareja está
terminada cuando aun estando al lado, se sienten a miles de kilómetros de distancia.
La distancia distorsiona, crea una ilusión. Pero de cerca, se ve el detalle, lo real.
A la distancia, hay recuerdos… y uno recuerda el eco feliz de lo que fue.
De cerca se ven las imperfecciones.
Se puede aprender a estar cerca de alguien. Se aprende a soportar el dolor de estar lejos. Pero es
imposible estar a la vez, tan lejos, y tan cerca.


Lazo de plata

Cuando amamos, intentamos llamar la atención del otro de cualquier manera. Pero en lo
general, lo que nos puede conducir al corazón del otro, es algo insospechado, misterioso.
El corazón es un órgano complejo, muy sensible. Tiene razones que la razón desconoce.
El corazón es muy poco previsible, lo que a unos enamora, a otros los desenamora.
Pero a veces, de pronto, sin buscarlo, sin saber por qué ni cómo; encontramos ese lazo de plata que
conduce al corazón del otro. Ese lazo, que ni él ni ella misma sabe qué es.
¿Pero qué es ese lazo de plata que conduce al corazón de las personas?
¿Por qué para algunos funciona el amor a primera vista, y otros nunca lo ven?
No hay claves ni estrategias que valgan, porque ese lazo que lleva al corazón del ser amado, es un
misterio.
Nadie puede explicar por qué ama, ni por qué es amado.
Algunos aman porque son amados. Otros, son amados porque aman.
Hay corazones precavidos, reacios a dejarse amar.
La única certeza es que cuando encontramos el lazo de plata que lleva al corazón del otro, es para
siempre.

Y asi es amigos, el amor al fin y al cabo, para cada uno es unico, incluso para uno mismo es indescifrable, toma caminos que nunca habiamos pensado tomar, nos lleva a la locura, o nos llena de tristeza y dolor.
Cada tiene una forma de vivir el amor...
¿Cual es la vuestra?