sábado, 16 de enero de 2016

Criptonita

El destino es como un ejército de hormigas trabajadoras. Miles de hormiguitas haciendo su parte del
trabajo. Uno cree que controla su vida, pero el destino, lentamente, se va configurando. Una serie de
circunstancias, decisiones y casualidades, van construyendo el destino.
El destino es un gran chef que mezcla lo ingredientes, preparando el plato que tiene para nosotros.
Es una maquinaria precisa y minuciosa que va reuniendo todas las piezas.
El destino es como un señor muy viejo y sabio. Es un profesional, de todas las profesiones. A veces
es un guionista: urde y entrelaza la trama con destreza, dando giros en la historia, permanentemente.
El destino también es ingeniero. Hace grandes construcciones, joyas de la ingeniería, encaja las
piezas, con precisión.
El destino también es estratega. Mueve las fichas, despliega sus tropas en el campo de batalla y sabe
cómo dar su golpe con certeza.
El destino, es también un superhéroe con poderes ilimitados… puede todo. Puede con todo.
Pero como todo superhéroe, tiene una debilidad.
La debilidad del destino son las decisiones humanas.
Eso es lo único que puede cambiarlo.
Como una simple piedrita verde puede debilitar a Superman y a la vez también puede cambiar tu destino, lo único que puede cambiar el destino,
son tus decisiones.

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