sábado, 16 de enero de 2016

Criptonita

El destino es como un ejército de hormigas trabajadoras. Miles de hormiguitas haciendo su parte del
trabajo. Uno cree que controla su vida, pero el destino, lentamente, se va configurando. Una serie de
circunstancias, decisiones y casualidades, van construyendo el destino.
El destino es un gran chef que mezcla lo ingredientes, preparando el plato que tiene para nosotros.
Es una maquinaria precisa y minuciosa que va reuniendo todas las piezas.
El destino es como un señor muy viejo y sabio. Es un profesional, de todas las profesiones. A veces
es un guionista: urde y entrelaza la trama con destreza, dando giros en la historia, permanentemente.
El destino también es ingeniero. Hace grandes construcciones, joyas de la ingeniería, encaja las
piezas, con precisión.
El destino también es estratega. Mueve las fichas, despliega sus tropas en el campo de batalla y sabe
cómo dar su golpe con certeza.
El destino, es también un superhéroe con poderes ilimitados… puede todo. Puede con todo.
Pero como todo superhéroe, tiene una debilidad.
La debilidad del destino son las decisiones humanas.
Eso es lo único que puede cambiarlo.
Como una simple piedrita verde puede debilitar a Superman y a la vez también puede cambiar tu destino, lo único que puede cambiar el destino,
son tus decisiones.

La puesta de sol

Ante la pregunta: ¿Qué harías si se termina el mundo?, creo que la mayoría responderíamos:
salir corriendo al encuentro del ser amado. Pero yo creo que si lo pensamos mejor, lo que
quisiéramos hacer es pedir perdón.
Como si necesitáramos descargar la mochila, soltar eso que nos pesa tanto para poder irnos en paz.
Va más allá de la culpa. Son remordimientos, que no se detienen hasta no comprender que tu vida es
lo que tu hiciste en ella.
Podemos vivir años acallando los remordimientos por lo que hicimos mal, pero en algún momento,
éstos vendrán a buscarnos, como fantasmas del pasado.
Más que el olvido, nos aterra que nos recuerden mal. Los remordimientos son el miedo de haber
pasado por este mundo sin despertar un poco de amor a los demás.
Los remordimientos tienen la nostalgia de una puesta de sol: se termina el día, y todo lo que no
hiciste, ya no lo podrás hacer… y lo que hiciste, no lo podrás cambiar.
Más terrible que el remordimiento por lo que hicimos mal, es el remordimiento por lo que no
hicimos. Eso, es imperdonable.
El remordimiento es sabiduría que llega al final, es un intento de que no sea demasiado tarde.
No se detiene. El remordimiento no se va a detener hasta que comprendas.
La culpa no nos deja vivir en paz, pero los remordimientos, no nos dejan morir en paz.
     

Manual de superheroe

Un superhéroe interviene en la lucha del bien contra el mal. Para eso debe saber distinguir
cuál es el bien y cuál es el mal.
El superhéroe tiene que ser valiente. ¿Pero qué es ser valiente? ¿Es no tener miedo? ¿O avanzar a
pesar de tener miedo?
El cobarde es el que no da ni un paso sin tener garantías de que no corre riesgo. El valiente, sabe
que nunca hay garantía de nada.
El cobarde, sólo apuesta cuando sabe que va a ganar. El valiente, es el que apuesta, aun sabiendo
que puede perder.
Hay sólo una cosa capaz de darle a un superhéroe el valor que necesita para vencer los miedos: el
amor.
Amor, es lo único que se necesita para ser un superhéroe.

¿Donde estas?

En apenas un instante, un momento, un segundo… en el que uno equivoca el camino. A partir
de ahí, cada paso que damos nos aleja cada vez más de nosotros mismos.
A veces no tenemos conciencia de los errores que cometemos, apenas una sensación, una pequeña
voz interior que nos dice: algo está mal. Y aunque esa vocecita está ahí, seguimos adelante,
ignorándola, equivocándonos casi a conciencia.
Lo ves venir, sabes que eso que estás por hacer va a cambiar todo. Así y todo, lo haces.
Ya te equivocaste, ya te fuiste, ya te perdiste… ya te traicionaste.
Te miras al espejo y ya no te reconoces. Hay otro que te mira y te pregunta: ¿Dónde fuiste? ¿Dónde
estás?

¿A donde va?

¿A dónde va lo que quieres hacer y no haces? ¿A dónde va lo que quieres decir y no decís? ¿A
dónde va lo que no te permites sentir?
Desearíamos que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el
cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor
de garganta, en nostalgia, en destiempo.
Lo que no decimos se transforma en error.
Se transforma en debe, en deuda, en asignatura pendiente.
Las palabras que no decimos se transforman en frustración, en tristeza, en insatisfacción.
Lo que no decimos se transforma en trauma. En venenos que mata el alma. Lo que no dices te
encierra en el pasado.
Lo que no decimos se transforma en herida abierta.

Sentirse vivo

Cuando te detienes a mirar el mundo, a observar la belleza que nos rodea; cuando amas a un chico o
a una chica; cuando te reís hasta que no puedes más con tus amigos; cuando haces lo que te gusta hacer;
cuando viajas a un lugar que no conoces; cuando escribes una canción; cuando se te acelera el
corazón ante una mirada; cuando haces el amor… te sientes vivo.
Pero no es sólo la felicidad la que te hace sentir vivo; sino saber que dejas un testimonio de tu vida.
Saber que cuando ya no seas, algo de ti seguirá vivo en los que vendrán.
Pero si sabes que no hay futuro, que nada de lo que hagas, ningún legado que dejes, ninguna
contribución que hagas, te va a sobrevivir; si sabes que todo se termina… ¿es posible sentirse vivo?
Las cosas que nos hacen sentir realmente vivos son las cosas que vencen a la muerte, las que
perduran en el tiempo. Porque el éxtasis, la felicidad, es trascender. Es en ese momento cuando
todos somos eternos. Y estamos vivos de verdad.
De todas las formas de egoísmo, la peor, es no pensar en los que vendrán. Sin ellos, sin la noción de
que la vida es un ciclo sin fin, nada tiene sentido.
Te sientes vivo, no cuando la vida pasa, sino cuando tu pasas por la vida. Cuando pierdes el miedo a
morir, y a vivir. Te sientes vivo cuando sabes que cada momento es único, irrepetible. Cuando sabes
que nada empezó contigo, y nada terminará contigo.
Sólo sabiendo que habrá un mañana es que podremos vencer a la muerte, y sentirnos vivos.
 

El destiempo

Todo llega, dicen… y es verdad. El problema no es si llega, sino cuándo llega.
A veces las cosas llegan cuando ya es tarde. Otras veces, lo que esperas llega cuando aun no estás
listo.
Todo tiene su momento. Antes o después de ese momento, nada prospera.
El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. Es llegar cuando la fiesta terminó.
El destiempo no es sólo que algo te llegue tarde, es también, llegar tarde a eso.
Es no tocar a tiempo la nota justa, es perder el tren, o un perdón que demoró en llegar. Es un
desencuentro.
El destiempo es como una fruta verde, amarga.
El destiempo es una tarde fría de verano.
Es lo opuesto al lugar y la hora indicada.
El destiempo, es una ironía.