sábado, 23 de enero de 2016

El orgullo pierde

Hoy voy a tocar un tema sobre algo que todos tenemos... El orgullo.
Aunque digamos que no todos tenemos orgullo, todos nos dejamos llevar por el alguna vez, y nunca aceptamos nuestros errores, por más que sepamos que son errores.
Ahí personas que tienen tanto orgullo que les nubla, que se djean llevar por el sin darse cuenta que si no aceptan que están equivocados pueden perder a las personas queridas... Pueden llegar a ser tan orgullos que nunca dan el brazo a torcer...

sábado, 16 de enero de 2016

Una clase de magia

El que no cree en la magia, nunca la encontrará. Nunca podrá ver lo que a simple vista no se
ve.
Para que exista la magia, primero hay que creer.
Magia es crear de la nada. Un hombre y una mujer se aman, con ese amor, crean vida. ¿No es eso
magia? Donde antes no había nada, ahora hay vida. Magia es creer que donde no hay nada, puede
haber algo.
¿El amor no es magia? El amor al azar, una mirada, un roce, un gesto, puedes ver por primera vez a
alguien… o mirar un día a alguien que conoces hace tiempo, y de pronto… ¡Abracadabra!, apareció
el amor.
Es magia. No digáis que no.
Sólo los que pueden, ven la magia.

Un brote en el desierto

Tener esperanza no es desear, sino tener certeza de que eso que quierés, tarde o temprano, va a
llegar.
Vivir sin esperanza, es estar derrotado antes de intentarlo.
La esperanza no es un deseo. Es una certeza.
Es el motor de la gente feliz.
La esperanza no es soñar lo posible, sino soñar lo imposible. Es prima hermana de la utopía. Es un
brote verde en el desierto.
Ahí, donde todo está perdido, donde sólo hay desconsuelo, desolación y vacío, también hay
esperanza.
Porque la esperanza es lo que queda cuando ya no queda nada.
La esperanza está hecha de futuro.

Mas tarde de lo esperado

Los grandes momentos de la vida son como un despertar, están llenos de sorpresas, de belleza, de
magia, de ternura.
Los grandes momentos de la vida vienen colmados de corazones acelerados, llenos de cosquillas en
el estomago, de sudor en las manos, de ilusión.
Pero en general, los grandes momentos de la vida, ocurren más tarde de lo esperado.
Cuando lo que quierés tarda en llegar, el deseo crece, se fortalece, y tu corazón se va preparando
para recibir eso que tanto esperás.
Si no estás listo para lo que deseás, es como comer una fresa verde, es agria, no la disfrutás.
Por algo ciertas cosas se hacen esperar.
Las cosas importantes llevan tiempo, cuestan trabajo, esfuerzo, dedicación.
El deseo se vuelve fuerte cuando uno se da el tiempo de desear. Si entre el deseo y la realización, no
hay tiempo, el deseo se vuelve débil, descartable.
Queremos todo rápido: la comida ya, los resultados ya.
Saber esperar, es saber desear.
Resultado de imagen de frutilla

Las puertas del paraiso

¿Cuál es el problema de la felicidad? La obsesión que tenemos con alcanzarla.
Esta obsesión nos hace vivir amargados por eso que nos falta, eso que no tenemos, eso que de
tenerlo nos haría felices.
Vivimos en las puertas del paraíso, siempre ahí, a punto de entrar, a punto de llegar. Siempre
golpeando las puertas del cielo, tratando de recuperar ese paraíso perdido, queriendo alcanzar la
felicidad.
El cielo, el paraíso, la supuesta felicidad, significan que nada falte. Pero en verdad, es ese algo que
nos falta lo que nos mantiene vivos.
La felicidad no es tenerlo todo. La felicidad son esos momentos, fugaces, pedacitos de éxtasis
que encontramos de cuando en cuando, mientras buscamos ese “algo” que nos falta.
La amargura de buscar la felicidad y no encontrarla, de estar en las puertas del paraíso y no poder
entrar nos hace perder de la fiesta. De la fiesta de estar vivos.

Generacion desencantada

Estamos enfermos de desencanto, nos convencimos de que nada tiene sentido, que no vale la
pena luchar por nada porque nada vale la pena. Si no podemos encantarnos con la vida,
estamos fracasando.
La vida no perdió su encanto. Fuimos nosotros los que perdimos el gusto por la vida. Perdimos la
inocencia, la capacidad de asombro. La fe en el futuro.
Perdimos la iniciativa. El hambre de progreso. Las ganas de cambiar lo que hay que cambiar.
El desencanto es la mejor arma de los más corruptos, de los villanos de la historia. El desencanto
nos aísla, nos encierra, nos separa, nos vacía de sueños.
Una generación desencantada es una generación de muertos en vida.
Para volver a encantarse, para volver a creer en la magia, esa generación debe saber que no está
sola.
Debe saber que es necesaria, importante, decisiva para otras generaciones, pasadas y futuras.
Debe saber que lo que encanta de la vida, no es el mundo que se recibió, sino el que podemos dejar.
Para encantarse con la vida, una generación necesita rebelarse.
El desencanto se contagia fácil, y encanto es un trabajo de hormigas. El encanto, nos necesita a
todos, haciendo lo que amamos y amando lo que hacemos.
Mientras bombardean a una generación desencantada, aquí hay otra generación encantada con la
vida y con la realización de sus sueños.

Criptonita

El destino es como un ejército de hormigas trabajadoras. Miles de hormiguitas haciendo su parte del
trabajo. Uno cree que controla su vida, pero el destino, lentamente, se va configurando. Una serie de
circunstancias, decisiones y casualidades, van construyendo el destino.
El destino es un gran chef que mezcla lo ingredientes, preparando el plato que tiene para nosotros.
Es una maquinaria precisa y minuciosa que va reuniendo todas las piezas.
El destino es como un señor muy viejo y sabio. Es un profesional, de todas las profesiones. A veces
es un guionista: urde y entrelaza la trama con destreza, dando giros en la historia, permanentemente.
El destino también es ingeniero. Hace grandes construcciones, joyas de la ingeniería, encaja las
piezas, con precisión.
El destino también es estratega. Mueve las fichas, despliega sus tropas en el campo de batalla y sabe
cómo dar su golpe con certeza.
El destino, es también un superhéroe con poderes ilimitados… puede todo. Puede con todo.
Pero como todo superhéroe, tiene una debilidad.
La debilidad del destino son las decisiones humanas.
Eso es lo único que puede cambiarlo.
Como una simple piedrita verde puede debilitar a Superman y a la vez también puede cambiar tu destino, lo único que puede cambiar el destino,
son tus decisiones.